Vuelta a las aulas en año de pandemia.

Ante la inminente vuelta al colegio en este 2020 de pandemia que nos ha tocado vivir; y sin tener aún del todo claro cómo se gestionará el día a día en las aulas; es lógico y esperable que madres; padres, docentes y otro personal de los centros educativos sienta cierta incertidumbre e incluso temor.

Debemos tener presente que, aunque la situación es “especial” y sin precedentes; lo más importante es que prime el bienestar emocional de los y las pequeñas y pequeños; transmitiéndole una sensación de seguridad y tranquilidad; a la vez que una ilusión por el reencuentro con sus compañeros, amigos y docentes, a los que en muchas ocasiones llevan meses, 6 largos meses sin ver.

Durante el estado de confinamiento; las más pequeñas y pequeños han sido, desde luego, de los más grandes maestros que hemos podido tener. Se han adaptado a estar en casa, realizando sus tareas escolares de una manera absolutamente novedosa para ellos y ellas, sin contacto con sus iguales; y una vez que han podido reestablecer cierta normalidad, se han visto en un escenario plagado de normas, que han sabido asimilar y cumplir, probablemente mejor que muchos adultos; es precisamente esta cuestión, uno de los puntos sobre los que debemos incidir para que tengan mayor sentido de confianza.

Así, en este nuevo inicio; unas de las herramientas que no debemos perder de vista, para cuidar ese bienestar emocional tan necesario para nuestros pequeños (y no tan pequeños) es la escucha y el diálogo.

QUÉ PODEMOS ESPERAR?

Obviamente dependerá de las edades de los pequeños, y también habrá una variabilidad entre ellos; así que atendiendo a las diferentes edades, y considerando que en todas ellas es posible que se presente una cierta incertidumbre e incluso desconcierto al ver que “nada es igual que antes”, podríamos hablar de:

Niños y niñas más pequeños, infantil y primeros cursos de primaria:

Es posible que presenten más rabietas, enfados y dificultades para comprender estas nuevas normas de distanciamiento; uso de mascarilla y restricciones. No comprender las diferencias en los modos de convivir y jugar; y sentir la necesidad de un mayor contacto con sus compañeros y compañeras.

Ya de por si, la vuelta a las aulas puede resultarles complicada, y generarles cierta ansiedad; en una situación tan especial como esta, es posible que se sientan desubicados y les cueste comprender algunas nuevas normas en un espacio que antes era más “libre”.

Además, llevan mucho tiempo en casa, con sus familiares; lo que en el caso de los más pequeños puede acentuar la ansiedad por separación, típica en esta edades y que se manifiesta con ese miedo y enfado ante la ausencia de sus figuras de apego.

Nuestro papel como madres-padres y docentes; es sobre todo de escucha, pausada, relajada; atendiendo y validando todas sus emociones; recordando las normas y su necesidad y utilidad, y haciéndoles ver que poco a poco se adaptarán a ellas. Mientras tanto y en todo momento, estamos a su lado para ser su apoyo y lugar seguro.

Últimos cursos de primaria e instituto: Preadolescentes y adolescentes

A estas edades sabemos que la “ilusión de invulnerabilidad” es muy marcada; los sucesos negativos puede acontecer, pero es algo lejano a ellos, en ese pensamiento que les lleva a considerarse libres de riesgos. Esto puede ser que les lleva relajarse en algunas ocasiones.

Por otro lado, la capacidad atencional y de concentración, que ya de por sí puede estar algo “alterada” a estas edades; puede verse afectada ya que estarán pendientes de las normas, de los cambios y de su necesaria adaptación a ellos; además verán que sus sistemas de interacción tal y como los conocían hasta ese momento, no serán los mismos.

Hay muchos cambios, y después de un periodo en el que se han visto confinados, separados de sus compañeros y compañeras, siguiendo clases online y con trabajos tras una pantalla, su deseo (lógico) es recuperar su forma de vida tal y como la dejaron en marzo. Apoyarles y mostrarles su capacidad para hacer frente a esta nueva situación; de adaptarse a los cambios, es vital y clave para que consigan la mejor vuelta a las aulas posibles.

No podemos olvidarnos tampoco de docentes, otro personal de los centros educativos y las propias familias.

Porque padres y madres también nos enfrentamos a un temor, desconfianza y cierta inseguridad ante la situación. No acabamos de conocer exactamente los protocolos, la información parece no llegarnos o hacerlo a cuentagotas, y nos movemos en una disonancia entre lo que creemos, lo que queremos y la realidad. Es preciso que nos escuchemos a nosotros mismos, aceptemos nuestra emociones y comuniquemos nuestras dudas, buscando la información en aquellos medios y lugares realmente válidos (dirección del centro, AMPAS); sin guardarnos inquietudes y sin temer “ser pesados con nuestras preguntas”

En un escenario en el que parece que los protocolos unificados no llegan o lo hacen tarde; donde no parece que se brinden los suficientes recursos, y en la que la incertidumbre es compañera de camino; docentes y otro personal de los centros escolares deben garantizar la máxima seguridad en cuestión de salud, a la vez que las mejores condiciones de aprendizaje académico y cuidado emocional.

Tarea ardua y difícil para ellos y ellas, que también viven en un desconcierto y que tienen en sus manos una doble misión, la enseñanza-aprendizaje, y velar por las mayores condiciones de seguridad. No debemos olvidarnos que aquí, con las familias, somos un equipo; más que nunca es importante la empatía y el diálogo reflexivo y positivo; la comunicación familia-escuela real y efectiva.

CÓMO ACTUAR?

De manera resumida y muy esquemática, hay una serie de indicaciones básicas que podemos seguir para facilitar a los niños-niñas y adolescentes esta vuelta a las aulas:

  • ESCUCHAR. Mucha escucha activa y real, atender a lo que nos dicen los más pequeños (y no tanto) sobre sus inquietudes, necesidades, miedos, e incluso sobre sus disgustos ante la nueva situación.
  • VALIDAR, sus emociones, pensamientos, dudas… Son importantes para ellas y ellos; así que debemos darles su justo valor y hacérselo saber. Estamos a su lado y entendemos y es válido que atraviesen esas emociones.
  • DIALOGAR. Con los niños-niñas y adolescentes, acerca de su día a día en las aulas. No a modo de interrogatorio; si no de diálogo verdadero, recibiendo y aportando información; mostrando una actitud de interés, y sirviendo de espacio para que comuniquen y descarguen aquello que les haya podido pasar, preocupar, pero también ilusionar y alegrar durante el día.
  • ANTICIPAR. Sobre todo con los y las más peques; anticipar aquello que se van a encontrar en el colegio. Como habrá distancias y más restricciones; que deberán hacer un lavado frecuente de manos, que no podrán compartir materiales, juguetes o comida. Y transmitir toda esta información de modo pausado y en positivo. Más que como prohibiciones, como cambios positivos para cuidarnos.
  • EXPLICAR, las nuevas normas y la necesidad de cumplirlas. Hacerles partícipes de ellas y sobre todo confiar que son capaces (y así lo han demostrado todo este tiempo) de seguirlas.
  • CONTACTO FLUIDO CON LA ESCUELA. Si siempre hablamos de la vital y necesaria comunicación familia-escuela; entendiendo que somos un conjunto con elementos que no deben separarse; en esta situación cobra más importancia la comunicación con el centro educativo. Participar activamente con el profesorado, apoyándoles, porque somos uno en esta realidad que nos ha tocado.
  • REVISAR NUESTRAS PROPIAS EMOCIONES. Nuestros hijos e hijas; sobre todo los más pequeñitos, regulan sus emociones a través de nosotros. Es bueno que nos revisemos, que nos escuchemos y nos comprendamos. Igual que los más peques deben nombrar y reconocer, aceptando sus emociones; también debemos hacerlo nosotros, validando lo que sentimos, e intentando regularnos, sobre todo en aquellos estados más molestos o incómodos.

Será un inicio complejo, seguro que si, como lo está siendo todo este año; pero confiemos en nuestra capacidad de resiliencia, en nuestra capacidad de adaptación y de actuar conjuntamente.

Jésica Rodríguez Czaplicki

Psicóloga G2888 Psicopedagoga

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