Los otros duelos, los otros dolientes…

Quien me conoce sabe que una de las cuestiones que más repito es que en la salud el que cuida debe ser cuidado y cuidarse.

 Que los profesionales que velan por la salud y vida deben velar por la suya propia. 

Que no me canso de decir que necesitamos espacios de cuidado y autocuidado, porque no siempre se logra restituir la salud, porque a veces cuando se está preparado para ayudar a traer vida lo que llega es la muerte.

Hace pocos días mi compañera Marta compartió una carta escrita hace dos años a Mai, una preciosa bebé que nos enseñó a todos más de lo que lo hicieron los años de facultad, decenas de formaciones o cientos de libros.

Hoy, vuelve a compartir su experiencia en este duelo, el dolor y el miedo que se apodera de su mente tras una experiencia así; la inseguridad y el temor…

Porque los profesionales sanitarios no somos seres impermeables al sufrimiento, a las dudas, los profesionales sanitarios también nos sobrecogemos con las experiencias dolosas, nos afecta, porque necesitamos espacios para componernos y recomponernos.

  

El duelo de una madre que pierde a un hijo es inenarrable, el duelo de un padre que se queda sin su bebé al que abrazar no puede ser imaginado más que por quien lo vive.

Salvando las diferencias, por supuesto; hay otros dolientes que a menudo pasan olvidados, aquellos que luchan por restituir la salud, por traer vida, y que presencian sin poder hacer nada, como ésta se escapa.

Negación, rabia, negociación, dolor, aceptación… De algo que no se pudo evitar, de unas lágrimas que no se pudieron sortear y que como mucho se pudieron enjugar, tras momentos de tensión, de lucha… De ver a la muerte a la cara e intentar poner todas las herramientas para vencerla, engañarla o por lo menos poder acompañarla.

Profesionales que se quedan solos tras estas vivencias, que no pueden dedicarse un segundo porque a veces, la situación les obliga a continuar como si solo fuera un “incidente“, un “exitus” y a “otra cosa“.

Profesionales que como mucho logran encontrar apoyo en sus compañeros, escuchar, narrar, llorar y acompañarse… 

Necesitamos crear espacios en los que haya una verdadera intervision, revisión y cuidado; espacios en los que los profesionales arropados por un profesional cualificado puedan dar salida a esas emociones, a esos lutos, a ese dolor, a ese miedo… Espacios que permitan la revisión pero sobre todo la expresión y la aprehensión de estrategias reales de cuidado. 

Espacios de apoyo, espacios terapéuticos que proporcionen herramientas, pero sobre todo que ayuden a sanar, a sanar las dudas, a sanar el dolor, la impotencia, espacios que permitan que el que cuida sea cuidado.

En ello estamos trabajando, en ello debemos poner también la mirada.

Jesica Rodríguez Czaplicki

Psicologa G2888

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