En compañía pero sin sentirse acompañada. La soledad de algunas madres.

Cuando pensamos en el embarazo y maternidad, solemos imaginarnos una etapa llena de plenitud, alegría, felicidad, satisfacción,…, en la que no ha lugar a la tristeza, al vacío, a la soledad; pero la realidad, como en muchas otras cuestiones, tiende a darnos un toque de atención, tiende a mostrarnos nuestros errores y equivocaciones, de forma que no es extraño, ni mucho menos, que veamos Madres cuya mirada es triste, ausente, agotada,…

Y es que en la maternidad muchas mujeres pueden sentirse rodeadas de gente, pero realmente solas, pueden sentir que tienen compañía a su alrededor pero que no tienen un verdadero acompañamiento,…, pueden experimentar una gran soledad que no se permiten expresar en alto.

El embarazo y parto suponen una etapa de crecimiento, de salud para la mujer, la mujer-madre, tiene un cuerpo en plena efervescencia de actividad hormonal, fisiológica, modificando(se) para crear y dar vida,  entendido así,  el embarazo no ha de suponer una etapa de riesgo para la mujer, si no de crecimiento, de poder, de ganancia.

De igual modo, el puerperio es un momento de renovación, de adaptación, y también de crecimiento; un momento en que la mujer-madre, integra en si el nuevo rol que asume.

No podemos negar la influencia que tiene la neurobiología en las mujeres puérparas, y como todos los cambios hormonales afectan a los neurotransmisores, y con ello al estado de ánimo.

Otra variable a considerar es la lactancia, la cual no siempre resulta fácil, y una lactancia dolorosa, difícil, puede tener importantes efectos sobre las emociones de la mujer.

Tampoco obviemos la vivencia del parto, si este ha sido el esperado, si de alguna manera ha producido un trauma, si ha sido una ruptura con las expectativas,…, si ha sido por cesárea, con las consecuencias físicas que conlleva. Factores todos ellos que van a influir en la vivencia emocional de la mujer.

Ante todos estos escenarios, las madres pueden  relatar que están acompañadas pero en soledad, más bien diríamos que se sienten “rodeadas de gente pero sin compañía”, soledad más dolorosa no puede haber.

Y es que muchas veces las madres se encuentran ante una realidad que desconocían, con puerperios más o menos complicados, y con un nivel de exigencia que las desborda. Mujeres que deben seguir adelante con el ritmo de vida anterior a la maternidad, mujeres que aunque tengan cicatrices deben sonreír pues ellas y sus bebés están bien, mujeres que reciben mensajes contradictorios, mujeres a las que se les juzga en su camino de la maternidad, mujeres sin referentes reales, mujeres a las que no se les permite llorar.

La maternidad es cambio, y todo cambio conlleva a una adaptación, cada persona tiene su ritmo, sus necesidades, sus visiones, sus inquietudes.

Muchas mujeres me relatan que ahí están ellas, cansadas, desbordadas, con la casa llena de visitas, sirviendo cafés, poniendo galletas, viéndose al espejo y sin reconocerse, buscando la alegría y la vitalidad que antes tenían (y que todos reclaman al no ver).

Algunas más afortunadas, establecen red y vínculo con grupos de madres, con  grupos de lactancia, en grupos de acompañamiento en el puerperio y crianza (con matronas y psicólogas) y ahí ven un soporte, un espacio donde hablar, comunicar, donde ser escuchadas; pero también debemos reflexionar en este sentido, pues acompañar significa estar al lado de, no dar lecciones ni juicios, respetando decisiones, estando cerca para sostener si vemos que se tambalea, para estar como dice mi compañera y amiga Marta  Bernárdez “en el arcén por si necesitan que en un momento nos unamos a su camino”.

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Otras menos afortunadas, se sienten solas, e incluso desarrollan trastornos afectivos que les hacen entrar en un aislamiento aun mayor, porque unida a la propia depresión, está la sensación de no poder sentirse triste, el juicio externo y la falta de apoyo y comprensión; y es aquí donde la terapia correcta, concreta y adecuada con el profesional indicado (psicólogo perinatal) cobra especial importancia y necesidad.

Repito que  la maternidad es proceso de cambio, de evolución, de crecimiento; pero un proceso al que en estos tiempos se le exige demasiado, se le permite muy poco y se le da casi nada.

Así pues, cuando estemos ante una puérpara, que nuestros ojos vean a la mujer madre cuya vida ha cambiado, a la mujer madre que se adapta a un nuevo ser, que está llena de demandas (internas y externas), que no sabemos que siente, que no conocemos como se encuentra, pero que a buen seguro, está viviendo el momento de mayor intensidad y exigencia que ha vivido jamás.

 

 

Jesica Rodríguez Czaplicki.

Psicóloga G2888

 

 

 

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