Ansiedad en la infancia

Hace un tiempo hablé de los trastornos depresivos en la etapa infantil; indicando como éstos tenían unas características peculiares que les diferencian de la depresión en la etapa adulta.

La entrada de hoy aborda los trastornos de ansiedad en el período infanto-Juvenil, los cuales; también difieren de los trastornos de ansiedad en la edad adulta.

Tendemos a pensar que un niño es un adulto en miniatura, pero la realidad es que no es así. Los niños y adolescentes tienen sus características propias determinadas por la etapa evolutiva en que se encuentren; así los diferentes cuadros físicos o mentales; tendrán sus particularidades.

Aunque la prevalencia y la importancia clínica de estos trastornos en la edad infantil y adolescente es alta y conocida desde hace tiempo, los estudios e investigaciones en este campo son recientes.

Pese a esta cuestión si sabemos que la ansiedad en estas etapas puede estar asociada a crisis normales del desarrollo, teniendo un papel adaptativo en el proceso evolutivo; pero ello no implica que no debamos prestar una especial atención e interés a las crisis de ansiedad que manifiestan los menores; pues en ocasiones se alejan de la ansiedad normal (que sabemos que es una respuesta de adaptación) para entrar en el rango de patológico; y encontrar el punto clave de esta transición sigue siendo un reto para las profesiones relacionadas con la salud mental.

Así mismo muchas circunstancias y trastornos específicos cursan con sintomatología ansiosa, sin que sea la ansiedad el diagnóstico primario.

Es preciso tener en cuenta que algunas manifestaciones ansiosas como podría ser la ansiedad por separación son normales en determinados momentos evolutivos (al año de vida, los 5 años) pero dejan de serlo una vez entrada la adolescencia. Una cierta angustia en el marco escolar podría considerarse aceptable, pero no cuando ésta genera un miedo incapacitante y se convierte en una auténtica fobia.

El estudio de la ansiedad tradicionalmente se ha centrado más en el periodo adulto, pero desde hace algunos años, las clasificaciones diagnósticas hacen una diferenciación y hoy se reconoce por la OMS y se distinguen los trastornos ansiosos con inicio en la infancia y adolescencia (CIE-10), la clasificación DSM 5 ya no hace tal distinción, pero a efectos prácticos hablaremos del Trastorno de Ansiedad por separación, el mutismo selectivo (que se sigue reservando a edades tempranas), la fobia escolar y la fobia específica.

La ansiedad en sí misma es una respuesta adaptativa del individuo a su entorno cuando el primero ve en el segundo una situación o circunstancia amenazante; y como ya he señalado, esta función adaptativa es absolutamente normal y considerando la infancia u adolescencia nos encontraremos con determinados miedos y temores evolutivos cuya función es permitir la respuesta, adaptación y ajuste al medio y a los propios cambios de la edad. Ocurre que en determinados casos, esta preocupación natural puede convertirse en patológica, cuando se superan los límites normales, además de causar un malestar significativo que interfiere en las actividades y desarrollo normal en la vida diaria de la persona.

Las manifestaciones de la ansiedad tanto normal como patológica, variarán según la edad y momento del desarrollo de la persona; por eso debemos ser extremadamente cautelosos, pues, por ejemplo, en niños pequeños se manifiesta como una respuesta motora excesiva, inquietud, llamadas de atención, respuestas muy llamativas, etc, lo que en ocasiones lleva a diagnósticos erróneos de TDAH (el cual lleva emparejado muchas veces sintomatología ansiosa, sin ser ésta el diagnóstico primario); ya a edades más avanzadas, como la adolescencia; los chicos y chicas son capaces de describir mejor sus sentimientos y narran miedo, angustia, desasosiego o rabia, pudiendo también presentar conductas estridentes e incluso antisociales.

Así lo profesionales debemos ser muy cautelosos y a la hora de valorar y realizar un diagnóstico, apoyarnos en una muy buena entrevista clínica que comprenda no sólo el estado actual y manifestaciones conductuales de los pequeños; si no también una buena historia evolutiva tanto del desarrollo cognitiva como emocional y social, centrarnos en los elementos de las dinámicas familiares, entorno social y escolar, antecedentes familiares e incluso en los antecedentes personales recoger datos de posibles traumas obstétricos, alteraciones neurológicas e hitos del desarrollo.

TRASTORNOS DE ANSIEDAD MÁS FRECUENTES

Ansiedad por separación

Se trata posiblemente del trastorno de ansiedad infantil más conocido y del que podemos decir que su manifestación es no patológica y claramente evolutiva a determinadas edades (desde los 5 meses aproximadamente a los 5 años de vida).

Consiste en una angustia, ansiedad, malestar excesivo que manifiesta el niño ante el hecho de separarse de sus padres o de sus principales figuras de apego.

A edades tempranas, el bebé necesita del contacto frecuente con su figura de apego principal (generalmente su madre), base de soporte y seguridad. Sentirse separado de ésta le lleva a reaccionar con llanto y angustia, oponiéndose a la separación, algo que considera que será definitivo y le causa gran temor.

A medida que el niño va avanzando en su desarrollo, comprende que las separaciones son temporales y además, si el apego ha sido seguro, creará otras figuras subsidiarias de apego además de tener confianza en la exploración del mundo; lo que le permitirá estar separado e incluso ser el mismo quien busque la independencia. Esta conciencia y capacidad estará adquirida en torno a los 3-5 años.

En determinadas ocasiones, las dificultades para enfrentarse a las separaciones no se superan, y es donde podemos hablar de un trastorno de ansiedad por separación en la infancia (TASI). Suele iniciarse antes de los seis años y disminuir en torno a los doce y se caracterizará por:

  • Preocupación excesiva al separarse de sus padres u otras figuras principales de apego.
  • Miedo intenso a que a los padres (u otras figuras vinculantes principales) les ocurra algo malo, incluso la muerte.
  • Miedo, reticencia y negativa a estar solo.
  • Dificultades para dormir separado de las figuras de apego.
  • Pesadillas repetidas de que a sus padres (o figuras vinculates) les ocurre un daño.
  • Negativa a ir a la escuela o a otras actividades que impliquen separación.

Estos síntomas causan un malestar muy importante al niño e interfieren notablemente en su vida diaria.

Debe diferenciarse de la ansiedad por separación normal y esperable en los niños pequeños que ocurre cuando empiezan a ver separaciones de sus cuidadores y antes de que comprendan que estas son solamente temporales.

Ante la presencia de estos síntomas, lo ideal es consultar con un profesional de la psicología o con su pediatra a fin de que valore la situación e inicie el tratamiento adecuado.

Mutismo selectivo

Incluido dentro de los trastornos de ansiedad específicos de la infancia, el mutismo selectivo sustituye el mutismo electivo propuesto por Tramer y presente en el DSM-III.

Se trata de un trastorno que afecta a la comunicación. El niño presenta una gran dificultad a hablar en situaciones sociales; llegando incluso a no emitir ni una verbalización y si que en la base haya un desconocimiento, problemas de expresión o comprensión del lenguaje. De hecho en situaciones familiares el infante puede llegar a expresarse con total normalidad o fluidez.

No existe un trastorno del desarrollo que esté en la base de la dificultad comunicativa, y está se aprecia de forma constante y previsible en las situaciones sociales.

Es importante descartar alteraciones neurológicas así como retrasos cognitivos. En cualquier caso la capacidad del menos para establecer comunicaciones verbales en algunas situaciones, en las que se encuentra en confianza y seguridad nos dará pistas para descartar las mismas.

El mutismo puede darse solo fuera del domicilio, estando presentes o no las figuras vinculantes primarias, pero hay casos graves en los que incluso es incapaz de establecer comunicación verbal con algunos miembros de su propio núcleo familiar.

Se trata de un trastorno íntimamente ligado a las fobias sociales.

Fobia Escolar

Se trata de un trastorno fóbico específico que se presenta entre los 11 y 14 años, aunque puede darse ya a partir de los 5 años, y consiste en un temor intenso y recurrente a asistir a la escuela y acaba por generar un gran absentismo escolar.

Puede aparecer de forma brusca o insidiosa y normalmente la expresión de rechazo o negativa a la escuela no es clara; Suelen manifestar quejas físicas, de diverso tipo (dolores abdominales, de cabeza,…) que suelen aparecer los fines de semana o ya por la noche.

Se suelen mostrar como niños callados, tranquilos, trabajadores y en ocasiones pueden haber manifestado algún problema en la escuela.

Es frecuente verlo asociado a otros trastornos de ansiedad, como la ansiedad por separación.

Se trata de un trastorno que causa un grandísimo malestar a los pequeños, causa un retraimiento importante.

Fobias Específicas

Se trata de cuadros que se manifiestan con un intenso temor irracional ante determinados estímulos o situaciones.

El miedo al estímulo fóbico es absolutamente desproporcionado y genera una conducta de evitación hacia el citado estímulo o el afrontamiento del mismo a costa de una gran ansiedad y malestar.

El simple hecho de pensar en la situación, objeto, etc, fóbico ya genera una ansiedad elevada y desemboca en síntomas fisiológicos y emocionales importantes.

Las conductas de evitación o de afrontamiento ansioso acaban por desarrollar sentimientos y emociones negativas, que causan un gran malestar.

Debe especificarse que la respuesta ansiosa, de miedo o evocativa se circunscribe solo al estímulo fóbico, aunque en ocasiones se extiende a otros similares.

Las fobias específicas más comunes son las de tipo animal, las sangre-inyecciones-heridas y las que se relacionan con fenómenos de la naturaleza

Requieren de una adecuada valoración e intervención terapéutica, siendo éste el tratamiento más eficaz y de elección.

Dentro de estas fobias podemos señalar la fobia social, la cual es considerada como un trastorno típico de inicio en la infancia y adolescencia y también la OMS reconoce la existencia de un tipo de trastorno de las emociones de la adolescencia que se denomina Trastorno de Hipersensibilidad Social en la Infancia.

En estos casos la ansiedad aparecerá a situaciones sociales, a aquellas situaciones en las que el niño tiene que exponerse a otros socialmente, bien sea leer en clase, comer frente a otros, contestar en situaciones sociales, etc. Los niños no siempre reconocen que la ansiedad y malestar es desproporcionada y que les cuesta mucho asumir estas situaciones.

Frente al malestar emocional aparecen síntomas físicos tales como palpitaciones, sudoración, malestar gástrico, náuseas y escalofríos, entre otros.

Resumiendo, debemos considerar que la infancia u adolescencia tienen sus propias características que llevan a que determinados estados y respuestas ansiosas sean adaptativas y específicas de estas etapas evolutivas; pero en ocasiones la normalidad se aleja dando paso a cuadros patológicos que requieren de una adecuada valoración e intervención profesional.

Ante la sospecha de un cuadro ansioso o de una sintomatología que excede aquello que podríamos considerar dentro de la normalidad, y la visión del niño viviendo un malestar marcadamente significativo, debemos acudir a un profesional adecuado y desde una visión comprensiva y de acompañamiento a su nivel, favorecer las situaciones que ayuden a vencer este estado o cuadro ansioso.

Jesica Rodríguez Czaplicki

Psicóloga G2888

Referencias:

  • American Psychiatric Association., Kupfer, D. J., Regier, D. A., Arango López, C., Ayuso-Mateos, J. L., Vieta Pascual, E., & Bagney Lifante, A. (2014). DSM-5: Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (5a ed.). Madrid [etc.]: Editorial Médica Panamericana.
  • Bowlby J. La separación afectiva. Ed. Paidos, Buenos Aires 1976.
  • Mardomingo MJ.Trastornos de ansiedad. En: Mardomingo MJ (ed.). Psiquiatría del niño y del adolescente. Método, funda- mentos y síndromes. Madrid: Díaz de Santos; 1994. p. 281- 314.
  • Peredo Videa, Rocío. (2009). Los miedos infantiles y su relación con la manifestación de indicadores de depresión y ansiedad en niños de edad escolar. Revista de Investigacion Psicologica, (5), 27-49. Recuperado en 30 de junio de 2018,
  • World Health Organization. International statistical classifica- tion of diseases and related problems, 10th revision. Geneva: WHO; 1992.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s